Por: Pedro Martínez Bello
Las medidas para la seguridad interna y externa de la comunidad de la Universidad Autónoma del Estado de Morelos (UAEM) no puede seguir dependiendo de planes o proyectos de ocurrencia, menos cuando los agraviados son nuestros jóvenes que pueden ser nuestros hijos.
No podemos seguir viendo la violencia como un acto cotidiano, como algo común y normal, como sociedad tenemos que cambiar las actitudes al interior del hogar, hacer a un lado la televisión con programas que generan el desencuentro o la violencia entre las personas, desde el vocabulario utilizado hasta la música donde se sexualiza a las mujeres o con letras que hacen apología del delito o simplemente que no corresponden al buen español.
No se trata de prohibír la libertad de expresión, sino evitar los extremos que dañan el entorno de las comunidades, como pasa en la UAEM, en donde al interior de sus unidades académicas es normal el consumo y venta de drogas, el fomento al alcoholismo y la violencia entre estudiantes, sin importar sexo.
Más que exigir que debemos recuperar la Universidad, debemos actuar en recuperar a nuestros adolescentes y jóvenes y evitar que sigan quitándoles la vida en vía pública, como pasa últimamente.
La tarea no es fácil como padres de familia, pero lo tenemos que hacer.
Y, más que contratar a elementos de empresas de seguridad privada, que son un negocio para los directivos, es necesario volver a relacionar al universitario con el trabajo social dentro de los pueblos del estado de Morelos, ya es tiempo, porque tampoco queremos ver de luto permanente a nuestra máxima casa de estudios.

