Por: Pedro Martínez Bello
El incremento a la tarifa mínima del transporte colectivo autorizado a los concesionarios del transporte no fue lo único, también hay una serie de estímulos en impuestos y otras acciones que dañan hasta el presupuesto.
La ambición del presidente de la Federación Auténtica del Transporte, Dagoberto Rivera Jaimes y del presidente de Rutas Unidas, Aurelio Carmona, va más allá del incremento al servicio colectivo, también exigieron estímulos en impuestos y apoyos en subsidios que no se merecen.
La ambición de los personajes referidos se extiende la explotación de los operadores de sus unidades vehiculares, muchas de los cuales son un peligro para los usuarios y para toda la sociedad porque están en muy malas condiciones mecánicas y estéticas.
Los operadores del transporte colectivo laboran 12 horas seis días a la semana, deben entregar cuentas por miles de pesos, llenar los tanques de combustible y, además, pagar las composturas de las chatarras en las que transportan a los usuarios.
Por la sobreexplotación laboral y mala alimentación, 9 de cada 10 trabajadores del volante padecen diabetes e hipertensión arterial, principalmente.
A ello sumamos que carecen de prestaciones sociales y el derecho constitucional a la jubilación o pensión, con la complacencia de la Secretaría de Desarrollo Económico y del Trabajo, que es omisa en perjuicio de los operadores del transporte colectivo.
La ambición de Dagoberto Rivera Jaimes y Aurelio Carmona es cada vez mayor, no tienen llenadera y con el apoyo de varias instituciones violan el marco normativo laboral.
Su postura de estos dictadores del transporte con itinerario fijo de decir que no tienen dinero es una de las mentiras más viles, estúpidas: sus propios explotados saben que son dirigentes, además de que violan varios preceptos legales y caminan con tal impunidad que nadie les cree.
La promesa de actualizar el parque vehicular será solo eso, porque el pueblo está dispuesto en pedir un amparo y hasta denunciar a la dupla Dagoberto Rivera Jaimes-Aurelio Carmona, por mantener secuestrada una sociedad bajo amenaza.

