Por: Dr. Adrián Román Hernández

¿Como las personas comprueban que existen y manifiestan su consentimiento en diversos actos legales?, prácticamente es con la firma y letras como lo hacemos a diario, pero sabemos que pueden ser falsificables.

Ahora, la huella de las personas como elemento adicional de identificación es en la práctica la forma más segura, pues sabemos que las crestas dactilares son únicas y nos identifican plenamente. Basta observar nuestra INE en donde se expresan gráficamente.

Pero ¿qué ocurre cuando las huellas se borran, se desgastan o simplemente dejan de existir?, en nuestro país que avanzamos hacia una polémica CURP biométrica, la pregunta se convierte en un problema jurídico y social real y urgente.

La pérdida de huellas digitales no es algo asilado, le sucede a trabajadores (as) que manejan solventes o químicos abrasivos sin protección en las manos, a adultos mayores cuya piel ya no marca “surcos”, a pacientes con enfermedades dermatológicas y, en menor medida, a personas que intentan evadir sistemas de identificación. La identidad, que debería ser un derecho, se vuelve en la realidad un obstáculo.

Le pongo un ejemplo cuando usted llega a un banco, módulo del INE o cualquier trámite burocrático y el lector biométrico marca “huella no capturable”, la cuestión se complica pues entonces usted no tiene forma de comprobar que usted es “quien dice ser”. Sin huellas entonces una persona puede enfrentar: imposibilidad de renovar su INE y sin ella no solamente no puede votar, sino prácticamente usted no puede identificarse en este país, inclusive para poder retirar dinero de su cuenta o simplemente cobrar un cheque. También para obtener su pasaporte, problemas para registrarse en IMSS, ISSSTE o INFONAVIT, dificultades para acceder a programas sociales y riesgo de ser considerado como no identificable en procedimientos penales.

En miles de empresas, la entrada y salida depende de un lector de huellas. Para quienes ya no las tienen, esto significa descuentos indebidos, reportes de ausencia y conflictos laborales que no deberían existir. La tecnología, diseñada para “eficientar”, pero termina discriminando.

¿Cual es entonces la solución?, la promesa gubernamental es: una CURP que integre huellas, rostro, iris y firma digital. Un sistema unificado, moderno, infalible. Pero la realidad es más compleja. Si la nueva CURP biométrica se construye con las huellas como llave inicial, miles de personas quedarán en un limbo administrativo. La biometría, sin protocolos supletorios, corre el riesgo de convertirse en una forma moderna de exclusión.

Nuestro país necesita reconocer que la identidad no puede depender de un solo rasgo físico como las huellas. La tecnología debe adaptarse a las personas, no al revés. Existen alternativas: reconocimiento facial, iris, documentos tradicionales, constancias notariales, testigos, cómo lo comentamos en otra columna, ¿usted está seguro de que el Estado va a proteger, no solamente ya sus datos personales, sino su identificación biométrica?.

Porque cuando las huellas desaparecen, lo que está en juego no es solo un trámite, es el derecho a “existir” frente al Estado CARPE DIEM.

Related Post