Por Pedro Martínez Bello
El filósofo español Miguel de Unamuno nos recordó con su frase «venceréis, pero no convenceréis” la elección del estado de Coahuila, la única entidad que gobierna el Partido Revolucionario Institucional (PRI) y, cueste lo que cueste, seguirán detentando porque de ahí roba a placer la cúpula priista.
La elección del domingo pasado fue un verdadero ejemplo y atentado a los festejos del Día de la Libertad de Expresión, porque quien compra conciencias es porque carece de ideales y no tiene escrúpulos.
¿Cuánto costó del presupuesto de Coahuila la elección, con la compra de votos?
¿Qué tanta injerencia hubo por parte de la embajada estadounidense en un proceso de un país del que solo le interesa su riqueza? Porque hoy sabemos que Alejandro Moreno viajaba seguido a USA para recibir financiamiento y conspirar el derrocamiento del gobierno mexicano, así como los panistas lo hacen en Chihuahua.
Los norteamericanos quieren tener sometidos a los latinoamericanos como en los años setenta y ochenta, por ello incidieron en un proceso de un pueblo, que en libertad y con transparencia quiere elegir sus autoridades.
La elección de Coahuila es el inicio de un golpe de Estado con dinero público y del extranjero, con el aval de los partidos políticos de oposición.
La compra de votos es una prueba de que los priistas siguen sin cambiar, que debe ser anulado el proceso electoral más sucio de la última década, porque aquí hay entreguistas que quieren ver un México como colonia de Donald Trump y sus allegados.
Con el caso Coahuila regresa la máquina de compra de votos, la traición de aquellos que por unas cuantas monedas recibidas son capaces de vender hasta a quien los parió.

