Se publica reforma judicial y Gamboa deja de ser presidente

 

Por: Mtro en D. Pedro Martínez Bello

En la edición del pasado lunes fue publicada la reforma al Poder Judicial del estado de Morelos, la cual nunca tuvo un consenso ni fue conocida por los abogados y menos por los justiciables.

Cómo siempre sucede, los diputados locales hacen su trabajo de acuerdo con su conveniencia y, por eso, hay una ley trunca, con errores desde faltas de ortografías que la hacen confundible en su aplicación, incluso, en la imposición de los futuros magistrados, los integrantes del Tribunal de Disciplina, donde hay varios asesores de los diputados dispuestos a «representar» al Poder Legislativo, por 100 mil pesos mensuales de salario y todas las prestaciones sociales que tiene un juez de segunda instancia.

El divisionismo en el en Pleno Poder Judicial abre la posibilidad de que, quienes pierdan la elección del primero de junio, se apunten para conseguir una buena chamba, aún sin haber tocado un juzgado ni por equivocación y ser abogados de la burocracia dorada en diversos cargos de representación popular o del servicio público estatal, o federal.

Se puede advertir que las campañas del 2027 son confundibles con los cambios de diputados locales y presidentes municipales, porque pueden utilizar los mismos colores de los partidos políticos y hasta frases similares, con mensajes partidistas referentes al trabajo por mejorar la administración de la justicia.

Hay enojo de los abogados. Quien quiera participar se encontrará en una abismal desventaja frente a quienes sean apoyados por los partidos políticos. Es decir, la administración de justicia en la entidad está en peligro de obedecer a intereses de las cúpulas del poder y no a las necesidades de quienes la han reclamado por décadas.

El Tribunal Superior de Justicia puede convertirse en un espacio de venganzas partidistas y personales, donde los jueces también son militantes de los partidos políticos, y como militantes sujetos a las líneas que les impongan, no una institución para quienes se prepararon y esforzaron en una carrera judicial.

Se va Luis Jorge Gamboa Olea de la presidencia del Tribunal y lo hace de la manera más vergonzosa, sin nada que informar y de manera furtiva.

Tuvo en sus manos la posibilidad de hacer algo bueno, de contribuir a modernizar la administración de justicia, en cambio, se hizo de un patrimonio mal habido, acumuló bienes inmuebles derivado de su intromisión en los litigios y del tráfico de influencias.

Jorge termina, y regresa a ser un número más en el Tribunal Superior de Justicia.

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