Pedro Martínez Bello
La situación financiera por la que atraviesa la Universidad Autónoma del Estado de Morelos (UAEM) dicen sus autoridades que es crítica, que está en riesgo de ser inoperante y requiere de ayuda del Gobierno de la República y estatal.
Pensemos que la rectora Viridiana Aydeé León Hernández dice la verdad y que la Secretaría de Educación Pública (SEP) mantiene en el ostracismo nuestra alma mater, que durante la administración 2012-2018 tuvo un incremento de cinco unidades académicas a 22, en igual número de municipios y, por ende, elevó de manera increíble la matrícula.
Supongamos, porque no hay evidencias por escrito, que no hay el apoyo económico de la SEP en el aumento del presupuesto, como a otras instituciones públicas de educación superior.
Digamos que la UAEM para solventar gastos, pagar nómina y prestaciones sociales de seis mil 500 trabajadores cada año tiene que recurrir al apoyo Presidencial y estatal, a fin de impedir la operatividad con la amenaza de sus sindicatos.
Luego entonces, si la Universidad está en franca quiebra económica y cada año tiene aumento considerable en su presupuesto, porque vive en la falta de transparencia de su gasto.
Una universidad técnicamente quebrada en sus finanzas entonces la lógica es que debe entrar a un programa de austeridad, que sigue sin presentarse porque en este año contrató cerca de 300 asesores externos quienes cuentan con salarios cuasi dorados.
Será que entonces la rectora Viridiana Aydeé León Hernández miente, para seguir con sus privilegios personales, con el dinero público y hacer de la Universidad Autónoma del Estado de Morelos una institución sin llenadero.
El problema es que la autonomía de la máxima casa de estudios morelense es utilizada hasta por el dirigente del Sindicato Independiente de Trabajadores Académicos (SITAUAEM), Mario Cortés, para su propio beneficio, al realizar su transformación física plástica con el dinero para la educación superior.

