Pedro Martínez Bello
Desde la perspectiva del Poder Ejecutivo estatal los ayuntamientos no han podido han sido con las bebidas embriagantes, tanto al otorgar las licencias de funcionamiento como en restringir los horarios de consumo y eso es lo que genera el aumento de la violencia en la sociedad.
Un dato interesante que proporcionó el secretario de Seguridad y Prevención Ciudadana, Miguel Ángel Urrutia Lozano, es que del día jueves al domingo crece el consumo de bebidas embriagantes, sobre todo de la cerveza y ahora del mezcal, un producto que además es impulsado para su venta ahora con la denominación de origen de Morelos.
Respecto a los señalamientos sobre la irresponsabilidad de los presidentes municipales y sus cabildos en controlar la expedición de permisos y los horarios de venta en las bebidas con alcohol hay un silencio, porque sin duda muchos de estos permisos representan un gran negocio para los regidores o bien para ellos mismos, en un futuro incierto de seguir en la nómina oficial.
No obstante, el Ejecutivo insiste en controlar el consumo del alcohol en las fiestas populares, como son los carnavales, jaripeos y bailes que organizan los políticos de pueblo, sin saber que en muchas de las comunidades por sus usos y costumbres, ejemplo, Tepoztlán yTlayacapan, son los organizadores de las fiestas tradicionales quienes venden esos permisos, presuntamente para generar obras como la reparación de las parroquias, nada más falso que eso pues es obligación del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH).
Sin embargo, casi siempre se destina el recurso para construir plazas de toros o termina en los bolsillos de los organizadores.
Es por ello que también los alcaldes no le entran al control del consumo y horarios en la venta de cervezas y licores, saben que dejando el negocio en los regidores tienen el voto para su malgasto o bien sacar adelante ciertos temas de su agenda.
Además, después de la pandemia el consumo de bebidas embriagantes creció en 35 por ciento, siendo las mujeres el sector que hoy más las consumen, al igual que los jóvenes cuyas edades oscilan entre los 12 a 15 años de edad de acuerdo con las propias cifras oficiales.

