Por: Lic. Gibran Haro Álvarez
En Morelos, hablar de procuración de justicia no es un tema académico ni lejano: es la preocupación diaria de quienes han sido víctimas de un delito, de quienes temen salir de casa, de quienes sienten que denunciar “no sirve de nada”. Esa sensación de abandono institucional ha calado hondo en nuestra sociedad, y por eso la llegada de un nuevo Fiscal General no puede ser vista como un simple relevo administrativo, sino como una oportunidad —tal vez la última para muchos— de reconciliar a la ciudadanía con sus instituciones de justicia.
El nuevo Fiscal, el MTRO. FERNANDO BLUMENKRON asume el cargo en un contexto complejo: altos índices de impunidad, desconfianza hacia las autoridades, señalamientos de corrupción y un personal ministerial y administrativo que muchas veces trabaja en condiciones precarias, con carga excesiva de trabajo y escasos recursos. Pretender que una sola persona resuelva todo sería ingenuo; pero también lo sería no aprovechar este momento para replantear el rumbo.
Desde el gremio de abogadas y abogados, así como de las y los trabajadores de la Fiscalía, existe un voto de confianza que no es un cheque en blanco, sino un acto de responsabilidad compartida. Confiar significa estar dispuestos a colaborar, señalar, proponer y acompañar las decisiones correctas; pero también a alzar la voz frente a cualquier retroceso, simulación o uso político de la justicia.
Los retos del nuevo Fiscal son claros y urgentes:
1. Colocar a las víctimas en el centro, garantizando un trato digno, humano y eficiente, donde su carpeta de investigación no sea solo un número más.
2. Combatir la impunidad con estrategias claras, medibles y públicas, que se reflejen en órdenes de aprehensión ejecutadas, sentencias obtenidas y delitos prevenidos.
3. Profesionalizar y dignificar al personal de la institución, porque no puede haber justicia sólida con ministerios públicos cansados, peritos sin herramientas y agentes de investigación sin capacitación.
4. Blindar la Fiscalía de presiones políticas, para que la ley no dependa del color del gobierno ni del perfil del acusado, sino de los hechos y las pruebas.
Como abogado en la entidad , pero sobre todo como ciudadano, estoy convencido de que la transformación real de la procuración de justicia no vendrá solo “desde arriba”. Requiere que la sociedad se involucre: denunciando, exigiendo transparencia, acompañando a las víctimas, observando el desempeño de las autoridades y respaldando las decisiones que sí abonen a la paz y a la legalidad.
Nuestro voto de confianza al nuevo Fiscal va de la mano con una exigencia firme:
Que no sea un fiscal de discursos y fotografías, sino de resultados y cercanía; que escuche a quienes todos los días trabajan en la primera línea —ministerios públicos, peritos, policías de investigación, personal administrativo— y también a quienes vivimos las consecuencias de la inseguridad en carne propia.
Morelos necesita una Fiscalía que no tema revisar y admitir sus errores, corregir vicios internos y abrirse al escrutinio público.
Necesita una procuración de justicia moderna, humana y valiente. Desde el ámbito jurídico y social , mi compromiso es seguir señalando lo que no funciona, impulsando lo que sí y siendo una voz que insista en algo fundamental: sin justicia, no hay paz posible.
Porque Morelos no merece acostumbrarse al miedo, merece acostumbrarse a la Justicia.

